Las obsesiones

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     Las obsesiones son un problema bastante común y cotidiano. Todo el mundo se ha sentido en alguna ocasión “atrapado” por algún pensamiento que le atormente, en ocasiones absurdamente y en otras de forma justificada. No obstante, para bastantes personas esos pensamientos tormentosos llegan a resultar verdaderamente un problema limitante, generador de mucha ansiedad e incluso el desencadenante de depresiones.

     En términos de psicología occidental, a las personas a quienes sus obsesiones se convierten en un trastorno psicológico considerado como tal, se les dice que sufren “TOC” (Trastorno Obsesivo Compulsivo). Se caracterizan por sufrir esos pensamientos tormentosos y generadores de ansiedad de forma muy recurrente, así como por realizar unas determinadas conductas (denominadas rituales) con las que “ahuyentan” sus temores temporal y levemente.

Existen varios tipos de personas obsesivas, algunos autores las clasifican en función del tipo de ritual o comportamiento que llevan a cabo con la intención de ahuyentar sus temores (limpiadores, verificadores, ordenadores, acumuladores, ritualizadores mentales, atormentados u obsesivos puros). Así, por ejemplo, los “limpiadores” se sienten atormentados por la idea de que puedan contraer alguna enfermedad por el mero hecho de tocar cualquier cosa, por lo que muy frecuentemente se levan compulsivamente las manos, se duchan, lavan su ropa, etc. Algo similar sucede con cada “tipo” de TOC. En suma, muchos de ellos realizan un claro  ritual ante los pensamientos que les atormentan. 

Sin embargo, los denominados atormentados u obsesivos puros se pueden pasar horas, e incluso días consecutivos preocupados enormemente y absortos en sus tormentos sin que, aparentemente, realicen ningún ritual o compulsión. Señalo <<aparentemente>> porque, según pude comprobar por mi propia experiencia con ese tipo de obsesiones, sí que se realiza un comportamiento compulsivo, consistente en <<razonar>> o pensar compulsivamente una posible solución ante la idea o pensamiento atormentador, con el objeto de que desaparezca el amenazante peligro que vaticina o incluso el propio pensamiento obsesivo.

     Como en el caso de las crisis de pánico, de la depresión y de otras muchas causas de sufrimiento emocional, es un problema que tiene solución. Para ello además de distintos fármacos que pueden servir de ayuda a los casos más severos, existen terapias y técnicas con las que aprender a manejarlas. En el libro “Del Pánico a la Alegría” narro la experiencia que tuve con las obsesiones, especialmente con las denominadas atormentadoras u obsesiones puras (las cuales pueden resultar muy complicadas de superar debido a lo sutil de la compulsión de que se acompañan), así como el conjunto de técnicas y recursos de que me serví, y el modo en que las empleé para superar definitivamente ese mal.  Entre otras, separaba y observaba profundamente cada uno de los elementos de que se componían mis obsesiones (sensaciones, pensamientos, conductas, emociones). Observaba y analizaba cada uno de esos elementos para después aplicar la conducta correcta. Superé definitivamente ese trastorno como tal. Fue un poco difícil pero con ello aprendí no sólo a superar mis obsesiones, sino a conocerme bastante más a mi mismo y al entorno que me rodea.

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6 comments

  1. Hola!!! Ya leí tu libro y me identificó mucho pues yo he hecho lo mismo que tu pero yo solo con mis pensamientos y eso me ha vuelto confusa, espero que me puedas contactar ya que tengo muchas cosas que decir.

    1. Hola vivi luna,
      Si te apetece puedes comentar en foro de esta misma web. En él, además de responderte yo mismo y María José, hay muchos otros participantes que conocen de cerca este tipo de cuestiones.

      Un saludo,

      Joaquín

  2. Ok muchas gracias, pues yo tengo 7 años y empezaron con ansiedad luego solo se quedaron los pensamientos negativos y fue entonces cuando cada uno de mis pensamientos los observaba y analizaba una y otra vez para descubrir el porque loa pensaba y que nd causaba un poco de ansiedad ( ya no como al principio) fue mas confuso aun adentrarse a esta situación fue ahí cuando empecé aconicerme pero también a tenerme un poco de miedo ya que mis pensamientos se volvieron de hacer daño o hacerme daño y esa sensación me producía no ansiedad sino como ganas de hacer las cosas ymucha cconfusión en quienera yo o en quien me había convertido, aun sigo con muchas interrogantes, a ti te paso Joaquín? Gracias por contestar y en verdad admiro tu valor a exponerte y tener frente a frente tu ansiedad.

    1. Hola vivi (se me pasó tu comentario).

      Claro que tuve mucha confusión y miedo con respecto a mi mismo. De hecho, creo que prácticamente todo aquél que se adentra en su propio conocimiento llega a experimentar confusión y miedo.

      Pero, vuelvo a insistir, en el foro de esta web puedes comentar con otras personas con una situación similar a la tuya o que han pasado por ella.

      Saludos,

      Joaquín Carrizosa

  3. Mi paso por el trastorno obsesivo inició hace 15 años con la presencia de un trastorno alimenticio. Obsesivamente mi mundo giraba al rededor de la comida, mi peso y mi apariencia.
    Mis actividades diarias se veían ensombrecidas por los continuos pensamientos que sin cesar atormentaban mi alma con estados de ansiedad eternos.
    Sometida a un tratamiento psicológico exprés y después de muchos reclamos, el trastorno alimenticio se redujo sólo a un trastorno obsesivo que continúa hasta ahora sin dejar secuelas graves, o eso creía.
    Hace tan sólo algunos meses, nuevas ideas han dominado mi mente. Éstas ahora giran en torno a mi hijo de cuatro años. Pareciera como sí ahora toda mi atención se virara hacia él cambiando mi percepción sobre su aspecto físico y su estado de salud. Veo a mi hijo escuálido y esto genera en mi el estrés y la angustia por los pensamientos que refieren que pudiera estar enfermo. Día y noche me veo atormentada con estos pensamientos que, en ocasiones, quisiera arrancar; o haciendo referencia de la película “El club de la pelea”, fulminarlos con un disparo en la cabeza. Y qué decir del sentimiento de culpa por permitirle a mi mente alojar dichas ideas.
    En ocasiones me siento sumergida en un profundo vacío del cual no puedo salir. Me veo limitada en muchas situaciones, pero principalmente en mi relación con mi hijo. Tengo miedo de alimentarlo mal, de cargarlo, de tocarlo, incluso de verlo, porque cualquiera de estas cosas enfatizan mi miedo y generan ansiedad.
    ¿Cómo me deshago de esto?

    1. Hola Laura,

      Desearía poder darte una receta, rápida y sencilla, con la que deshacerte de eso, pero no la tengo.
      No obstante, puedo hablarte de mi propia experiencia: Practicar mindfulness correctamente me enseñó a comprender que los pensamientos son sólo pensamientos, y que las sensaciones son sólo sensaciones. A partir de ahí, pensamientos y sensaciones dejaron de ser un problema en mi vida.

      Con todo, te invito a que participes en el foro de esta misma web. En él puedes compartir experiencias con otras personas que están pasando o que han pasado por situaciones similares a la tuya, así como comentar acerca de la práctica de mindfulness o de otros aspectos

      Un saludo,

      Joaquín Carrizosa

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